La economía de China ha demostrado una notable capacidad de resistencia en la primera mitad de 2025, manteniendo un crecimiento superior a las expectativas del mercado en un contexto de gran incertidumbre global. Sin embargo, la evolución reciente es más matizada, con algunas señales tanto de fortaleza como de debilidad en distintos componentes del PIB y un panorama repleto de desafíos tanto a nivel interno como externos.

Crecimiento económico: cifras y matices

Durante el segundo trimestre de 2025, el PIB creció un 1,1% respecto al trimestre anterior y un 5,2% interanual, cifras que, si bien suponen una leve desaceleración frente al primer trimestre, superan las previsiones de la mayoría de analistas. El crecimiento sigue impulsado principalmente por la solidez de la industria manufacturera y la resiliencia del sector exportador. Destacan las exportaciones a regiones como ASEAN, Hispanoamérica y África, lo que ha compensado la importante caída de los envíos a Estados Unidos. Esto responde en parte a la estrategia china de diversificar mercados ante crecientes tensiones comerciales.

Política económica de ChinaEl consumo interno, reflejado en las ventas minoristas, mantuvo un crecimiento sólido del 5,4% interanual durante el segundo trimestre, siendo uno de los motores más destacados, apoyado por programas fiscales focalizados en la compra de bienes duraderos. No obstante, se observa cierta moderación en junio que podría anticipar posibles agotamientos de este incentivo fiscal en los próximos meses. En contraste, la inversión urbana (incluida la inmobiliaria e infraestructura) mostró una desaceleración importante, situándose en 2,8% para junio. Este comportamiento responde a ajustes sectoriales y a una renovada cautela empresarial ante un contexto de incertidumbre interna y saturación en algunos sectores clave. En cuanto a la inflación, tras varios meses en valores negativos, los precios al consumidor volvieron a terreno positivo en junio (0,1% interanual), mientras que la inflación subyacente llegó a 0,7%. No obstante, la deflación en bienes industriales y la caída de precios de producción reflejan aún tensiones de fondo ligadas a sobrecapacidad y demanda interna estancada.

Riesgos y perspectivas

El entorno externo sigue siendo inestable, particularmente por la intensificación de la guerra comercial con Estados Unidos y la incertidumbre sobre la duración de la tregua arancelaria. El arancel promedio efectivo de EE. UU. sobre productos chinos se ha disparado a casi 40%, lo que puede erosionar aún más la competitividad en ese mercado. Además, los cambios en las estrategias globales, como el impulso estadounidense de limitar el reencauzamiento de exportaciones chinas mediante terceros países, añaden presión.

A los riesgos externos se suman dificultades internas: crisis de confianza en el mercado inmobiliario, envejecimiento demográfico acelerado y desafíos para reequilibrar el modelo de crecimiento hacia un mayor peso del consumo. La economía china llega a la segunda mitad de 2025 con una base de crecimiento aún robusta pero asediada por problemas importantes. Si bien la revisión al alza de previsiones de crecimiento es posible, el balance de riesgos sigue dominado por factores a la baja relacionados tanto con la coyuntura internacional como con desafíos estructurales internos. La política económica, en particular la fiscal y la comercial, será un factor clave para sostener la senda de expansión en un entorno global cada vez más complejo.