La administración de Trump está llevando a cabo una transformación radical en la economía estadounidense, con un enfoque en aranceles y un intento deliberado de devaluar el dólar sin comprometer su papel como moneda de reserva global. Este objetivo se basa en la creencia de que el dólar puede mantener su estatus mientras se debilita frente a otras divisas.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha expresado que estos objetivos no son mutuamente excluyentes. Además, ha señalado que el caos aparente en las políticas económicas del gobierno no necesariamente indica descontrol, sino más bien una estrategia calculada. A lo largo de su carrera, Bessent ha encontrado que algunas de sus mejores inversiones han sido en momentos en que parecía que una política o empresa se dirigía hacia un desastre, pero finalmente se recuperaba.

Estados Unidos está experimentando una revolución en política nacional, exterior y económica. Trump ha sostenido desde los años 80 que Estados Unidos es injustamente explotado por sus socios y amigos debido a su economía abierta y su falta de uso efectivo del poder económico. Su objetivo es acabar con esta situación utilizando todos los medios necesarios, incluyendo presiones y amenazas. La obsesión subyacente es el déficit comercial. Aunque la visión tradicional atribuye estos desequilibrios a un gasto excesivo, el equipo de Trump cree que la causa principal es la demanda global de activos financieros estadounidenses, especialmente bonos del Tesoro. Esto ha llevado a déficits fiscales significativos y a un dólar demasiado fuerte, lo que dificulta la competitividad de los exportadores estadounidenses.

Sin embargo, Trump atribuye el problema más a la supuesta maldad del resto del mundo y a la pérdida de soberanía económica tras la Segunda Guerra Mundial. Para él, el orden económico liberal no ha sido la base de la prosperidad estadounidense, sino su ruina. Para abordar esto, la administración intenta sanear las cuentas, reducir impuestos y reestructurar el sistema económico global. Esto incluye un plan agresivo para debilitar el dólar y fortalecer la industria manufacturera estadounidense. El equipo de Trump busca cambiar los paradigmas económicos establecidos desde Bretton Woods en 1944, cuando se creó un orden monetario que vinculaba las monedas al dólar.

Se ha propuesto la idea de unos Acuerdos de Mar-a-Lago, similares a los Acuerdos del Plaza de 1985, para coordinar con grandes potencias económicas y devaluar el dólar. Sin embargo, a diferencia de en el pasado, Trump utiliza un enfoque más coercitivo, amenazando con aranceles y exclusión del paraguas militar para aquellos que no cooperen. El objetivo es crear empleos y promover la producción nacional, pero hacerlo en las condiciones actuales es extremadamente difícil. Por eso, se necesita un plan radical que incluya una «desintoxicación» del sistema económico. Aunque hay dudas sobre si este enfoque podría dañar la economía estadounidense, el equipo de Trump está confiado en que el dolor inicial será temporal y que el beneficio a largo plazo justificará los costos.