El buen desempeño de la economía española a lo largo de 2024 constituyó una señal positiva para las agencias de inversión de los países de Iberoamérica, que esperaban una creciente llegada de capital europeo procedente de la península ibérica. Con el incremento de los beneficios de las empresas españolas, existía la percepción de que parte de ese capital fluiría hacia la región mediante inversores interesados en expandirse en mercados con afinidades lingüísticas y culturales.

Sin embargo, la inversión española en la región disminuyó de manera significativa en 2024, según datos de DataInvex, organismo dependiente del Ministerio de Comercio de España. Brasil constituye un ejemplo ilustrativo: en 2023 la inversión alcanzó aproximadamente 2.200 millones de euros, mientras que durante los primeros nueve meses de 2024 apenas sumó 446 millones. Una dinámica similar se observó en Argentina, Chile y Uruguay. La excepción fue México, que recibió cerca de 2.600 millones en ese mismo período, con lo cual se situaba en camino de duplicar la inversión con respecto al ejercicio anterior. Este fenómeno responde a un interés estratégico: México funciona como base manufacturera alternativa a China para abastecer al mercado estadounidense.
El XVI Informe de Inversión Española en Iberoamérica señalaba que un 76% de las compañías españolas planeaba reforzar su presencia en la región en 2024; no obstante, los resultados efectivos muestran un retroceso de la inversión procedente de España.
En contraste, la inversión extranjera directa (IED) en el conjunto de América Latina aumentó un 7,1% en 2024, alcanzando cerca de 189.000 millones de dólares. Este crecimiento estuvo impulsado principalmente por la reinversión de utilidades de grandes multinacionales ya instaladas, especialmente en Brasil y México, que concentraron más del 60% de los flujos totales.
Las empresas españolas parecen haber dejado de percibir Iberoamérica como un destino atractivo para la rentabilidad. El bajo crecimiento regional, sumado a la inflación, ha erosionado los ingresos, especialmente en el sector servicios, particularmente sensible a la evolución del poder adquisitivo. Los salarios reales deprimidos, el desempleo persistente y la elevada desigualdad merman la confianza en los mercados latinoamericanos. A estas dificultades se añade la depreciación de las monedas locales, que reduce el impacto de las ganancias cuando se traducen a euros en los balances radicados en España.
El incierto contexto político también constituye un factor de riesgo. Las tensiones bilaterales entre España y algunos gobiernos latinoamericanos, junto con la creciente competencia china, elevan los desafíos. Destaca el deterioro de las relaciones con Argentina, marcado por fuertes intercambios de críticas entre ambos ejecutivos. En paralelo, en diciembre de 2024 se firmó el histórico acuerdo Mercosur–Unión Europea, que prevé la eliminación de numerosas barreras arancelarias y burocráticas, liberalizando alrededor del 90% del comercio entre ambos bloques. Esto generaría un ahorro arancelario cercano a los 4.000 millones de euros anuales. Sin embargo, la plena entrada en vigor del acuerdo aún depende de la ratificación de la UE, un proceso que no está garantizado.
Como último punto hay que tener en cuenta las políticas de Donald Trump, quien previsiblemente endurecerá la postura de Estados Unidos frente a la inversión china en países que exportan al mercado norteamericano. América Latina corre así el riesgo de quedar atrapada en la disputa arancelaria entre Washington y Pekín, al tiempo que enfrenta la reducción del interés empresarial español, lo que configura un panorama incierto y preocupante para la región.